sábado, 9 de enero de 2010

Un gran día para Otto

Con un gran bostezo despertó, que bien había dormido aquella noche y que calientito se encontraba acurrucado, Otto el labrador se estiró y abrió los ojos, lo primero que vio fue su cara, que alegre y seguro se sentía a su lado, no quería moverse, sin embargo la pancita comenzó a gruñirle y lo obligó a buscar la leche de mamá.
Después del desayuno llegó el momento de jugar, Otto salió de su casa hacia el jardín y ahí, en donde siempre, lo esperaba su juguete preferido, con paso torpe se dirigió hacia él y comenzó a asecharlo, cuando estuvo cerca, le saltó encima y comenzó a morderlo y a agitarlo, el trapo estaba completamente raído, y sin embargo, aún así era su juguete favorito.
Mientras luchaba contra su trapo roto, dando giros y cabezazos contra el suelo, vio pasar a un enorme escarabajo verde, nunca había visto un bicho tan raro y brilloso, comenzó a seguirlo con la mirada, se incorporó y saltó hacia adelante, lo olisqueó un poco y lo aplastó suavemente con su patita, la sensación no le agradó e inmediatamente la retiró, el escarabajo sacudió las alas y continuó su andar, una vez más Otto se le acercó y le gruñó, nuevamente estiró su patita para aplastarlo, pero el bicho al percibir la amenaza extendió sus alas y salió volando por el jardín.
Otto se quedó parado, girando su cabeza de un lado a otro, viendo como el escarabajo desaparecía, cuando por fin lo perdió de vista algo detrás de él llamó su atención, giró lo más rápido que pudo, pero aquello giró a la misma velocidad, además de que iba y venía sin parar, estuvo mucho rato dando vueltas hacia un lado y hacia el otro, hasta que por fin, de un mordizco, pudo sujetar aquel chicote peludo – ¡aurf! – chilló Otto, y se dio cuenta de que aquello que había mordido era su propia cola.
Otto pasó el resto de la tarde husmeando y explorando en el jardín, hasta que una vez más sintió hambre, corrió hasta donde mamá y pidió su leche con agudos chillidos, después de comer tomó una siesta y despertó cuando ya estaba oscureciendo, se quedó recostado viendo la luz que iluminaba el jardín, era una estrella un tanto rara y mas raras aún aquellas cosas que volaban alrededor y chocaban contra el astro, pronto comenzó a inquietarse y repentinamente soltó un ladrido – ¡graff! – se asustó tanto, que pegó un brinco en dirección a su casa, pero antes de iniciar la carrera se percató de que él había producido el sonido, aquello fue su primer ladrido, Otto sintió orgullo y no dejó de ladrarle a los bichos hasta que la estrella se apagó.
Aquel fue un grandioso día de logros para Otto, luchó contra un trapo, asustó a un escarabajo, descubrio su propia cola y aprendido a ladrarle a los gorgojos – ¡que día tan divertido! – pensó, mientras se dirigía a su casa donde mamá lo esperaba, se acomodó entre las patas y la panza de mamá, metió la nariz entre sus patas y se dispuso a soñar con ladridos, gusarapos y luces de colores.

1 comentario: