Para Rosaura:
Debo confesarte Rosaura que yo maté a la niña, no lo hice por gusto, aunque sabes bien que nunca me agradó su presencia; a decir verdad, acepté convivir con ella por que me condicionaste a hacerlo o a largarme por mi lado, te confieso que me sentí destrozado, desplazado por la niña, yo había sido tu elección y tú continuabas siendo la mía, pero no te culpo de nada, reconozco que parte de la responsabilidad es mía, tuve miedo de alejarme de tu lado, de comenzar una vida sin ti y quedé atrapado en una relación, si no totalmente insatisfactoria, sí apenas tolerante.
No estoy orgulloso de lo que hice, pero tampoco me arrepiento, tarde o temprano tendría que pasar, y es que la forma en que siempre la trataste, por encima de mí, incluso de ti misma, le hizo pensar que podía hacer lo que le viniera en gana sin sufrir consecuencias, me parece que desde el día que comenzaste a llamarla “mi niña” supo, por el tono de tu voz, que era tu favorita en nuestra relación; sabes bien que le toleré muchas faltas, como aquella ocasión en que dejó hecha jirones la mayoría de mis camisas, o cuando destrozó la mitad de mis libros, y tú, en lugar de reprenderla la festejabas, en verdad no sabes como tu comportamiento me hizo daño, me llenó de odio contra ella, pero la toleraba para no perderte, de esto si me arrepiento, de no haber tenido el valor de dejarte antes, ya ves, ahora me quedo solo y también te dejo sola.
Si te sirve de consuelo Rosaura, sabe que no sufrió, nunca supo que la esperaba tras la puerta para golpearla, tal vez sabía que estaba allí (aunque no volteó a verme cuando entró al dormitorio), pero no conocía mis intenciones, y el golpe que arremetí contra ella, bueno, que te puedo decir, fue limpio, certero, no necesite de ningún remate, lo del destripamiento fue después de haberla matado, me cercioré de que ya no estuviera respirando para abrirla en canal; sé que tal vez no ayuda mucho, pero debes reconocer que tuve el cuidado de coserla y limpiarla lo más que pude, para que pudieras recordarla como era, por que, aunque me cueste reconocerlo, debo confesar que era preciosa.
Te estarás preguntando por qué lo hice Rosaura, no fue sin motivo, sabes que no disfruto con el dolor ajeno, y que, aunque hay muchos que no me agradan, no suelo ir por ahí repartiendo palazos en la nuca y destripando gente, pero el que se haya tragado las cenizas de mi padre junto con las joyas que guardaba dentro de la urna, me hizo perder los estribos – es verdad, nunca quise mucho a mi padre, pero sabes que las joyas son todo lo que tengo para iniciar una vida nueva, no podía tolerar que me robara la única oportunidad de continuar cuando te hartaras de mí –, por un instante dejé de pensar, la vi venir hacia la recamara y me resolví llevado por la ira del momento y el odio que sentía por ella; sé que de no haberla visto en el momento no habría hecho nada, pues habría analizado las consecuencias y tu imagen me habría detenido, pero por fortuna no fue así, por fin me libero de esta relación enfermiza, de ti y de tu adorada “niña”… como me hubiera gustado tener el valor de haberme largado antes.
Cuando leas esta carta Rosaura seguramente ya estaré muy lejos, tal vez fuera del país, aún no lo he pensado bien, pero tengo suficiente tiempo para huir. Sé que es demasiada cobardía dejarte una carta en lugar de enfrentar la situación, de presentarme cara a cara, sin embargo, no sería capaz de tolerar tu rechazo, ni tampoco ver cómo dominas mi voluntad impidiéndome huir, esperando a que lleguen las autoridades para obligarme a pagar por mi crimen; no, prefiero que sea así, que no tengas oportunidad de reprocharme nada, o que al menos no esté ahí para escucharlo, y que por lo menos les cueste trabajo encontrarme… quizá ni siquiera se tomen la molestia de buscarme por matar a una minina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario