jueves, 31 de diciembre de 2009

Juanito y la hormiga astronauta

Si algo le gustaba hacer al pequeño Juanito, era llevar a pasear al señor Triste, su perro, ambos amaban el aire libre, pero sobre todo rodarse sobre el pasto inclinado del parque hundido, por lo que siempre tomaba su bicicleta y se dejaba jalar por el señor T hasta la farola central del parque. Ahí, a un costado del faro había un hormiguero donde vivía Sebastian, la primera hormiga astrónomo del mundo, o al menos de aquella colonia; el principal pasatiempo de Sebastian era mirar las estrellas por la noche, soñaba con viajar a la luna y fundar la primera colonia lunar de hormigas; había dedicado muchas horas en sus estudios astronómicos y físicos, había determinado la gravedad de la tierra y de la luna, sabía de la falta de oxígeno y la presencia del vacío en el espacio, e incluso había construido algunos pequeñísimos trajes espaciales diseñado especialmente para tal propósito, con compartimientos para algunas larvas.
Aquella tarde Juanito iba preparado para lo inevitable, la pandilla de Tomás intentaría arremeter contra ellos a punta de cerbatanazos, ojala ya se encontraran Paco y Manolo en el jardín, para no tener que vérselas solo contra aquellos pelmazos; todo estaba listo, en su cangurera traía varios popotes tomados de la hamburguesería y unos trozos de plastilina que servirían como proyectiles, sin embargo, al llegar al parque, no encontró amigos ni enemigos de batalla, aquel lugar estaba completamente desolado, liberó al señor T y se dirigió hacia el centro del parque, en donde recargó su bici en un farol y se puso a acariciar a su perro, quien le devolvió el favor con lengüetazos.
Esa misma tarde la hormiga Sebastián había presentado su proyecto al concejo de la colonia, con su ayuda bastarían unas pocas semanas para construir todo lo necesario para realizar el viaje al espacio, un centro espacial, un cohete, un campo de entrenamiento para la tripulación, deshidratación de comida para el viaje y todo lo necesario para iniciar una nueva colonia en la luna, todo lo había explicado con el mayor detalle posible, había juntado sus antenas con las de los miembros del concejo y les había transmitido toda la información necesaria para la autorización de su proyecto, sin embargo, lo único que consiguió fue la burla de los concejales y la de toda la colonia cuando corrió el chisme.
Después de juguetear gran parte de la tarde con el señor T y de bajar rodando la pendiente de pasto decenas de veces, Juanito se quedó acostado junto al Señor Triste, inmóvil, comenzaba a oscurecer, la Luna ya reflejaba de forma significativa la luz del sol y brillaba en lo alto, pensando en las posibles razones por las cuales no habían aparecido los demás, tomó uno de los popotes y comenzó a hacer bolitas de plastilina, que salieron volando a través del popote, sin dirección alguna.
Aquella noche Sebastian salió del hormiguero vistiendo su traje espacial, triste por la decisión del concejo y pensando en lo difícil que resultaría hacerlo él solo, había tomado unas cuantas larvas y las había colocado en los compartimientos, quería encontrar la inspiración para lograrlo, pero cuando volteó al cielo y se dio cuenta de la inmensidad del universo, se puso a llorar y pensó que los consejeros tenían razón, era imposible viajar al cielo y más aún llegar a la luna, así que se acurrucó en el suelo formando un pequeño ovillo y se quedó ahí, inmóvil, llorando.
Cuando la plastilina se terminó, Juanito tomó su popote y lo usó como telescopio, la luna encajaba perfectamente en el orificio del popote, y Juanito tuvo una idea, lanzaría un proyectil hasta la luna, pero ya no tenía plastilina que aventar, así que se incorporó un poco y comenzó a tantear la tierra en busca de alguna pequeña piedra que lanzar, la tomó, la introdujo en el popote y sopló con todas sus fuerzas: ¡fffuuuiiittt! –¡aaaaahhhhhhh! –gritó Sebastian al salir disparado, Juanito solo escuchó un pequeñísimo y agudo zumbido que se perdió con los sonidos de la noche, y lo que nunca supo fue que, aquello que tomó del suelo, no era una piedra, sino una pequeña hormiga astronoma que se encontraba hecha bolita. Después de eso Juanito tomó su bicicleta, amarro al Señor Triste al manubrio y se dejo jalar hasta su casa.
Aquella noche, cuando Juanito se fue a dormir, soñó que la primera hormiga astronauta había sido lanzada al espacio y se dirigía directamente a la luna a fundar la primera comunidad de hormigas espaciales, aquella noche, Juanito habia convertido a la primera hormiga astronoma, en la primera hormiga astronauta del mundo, y aunque para Juanito aquello había sido solo un sueño, esa era la realidad.