viernes, 10 de septiembre de 2010

Escribir por escribir (bendito insomnio)

Quiero escribir un cuento, no, sólo por escribir quiero escribir un cuento, o tal vez tan sólo quiero escribir por escribir, para manchar de negro con ideas este espacio blanco que únicamente tiene la de ser llenada con las de otro y mostrarse, ver cómo la imaginación pinta con letras un retrato, un niño, un paisaje, una historia, o un retrete.

Llevo años pensando en esta idea y hoy que no puedo dormir decidí escribir por escribir, plasmar en una hoja lo que a mi mente venga, y lo que a mi mente viene es el deseo de poder dormir, pero el sueño se ha ido y con él mis musas, o lo que sea que en ocasiones me inspira; a lo lejos escucho un “cuete”, el clásico chiflador que se ceba en el cielo, el ladrido de un perro y de pronto un recuerdo viene a mi mente, un 15 de septiembre, una fiesta de independencia, un niño travieso armado con un bote de gasolina, una pirotecnia y un poste de teléfono, de esos de madera, ardiendo en llamas, no tengo claro en mi mente como se juntaron todos esos elementos, pero fue tremendo, todos los primos corriendo en busca de agua para apagar el fuego y al final las risas nerviosas de haberlo sofocado y de haber hecho una travesura… que buenos recuerdos.

Lo sé, lo sé, van a decir que qué peligroso, y tal vez tengan razón, pero al final no pasó nada, como nunca pasó con muchas cosas, una muñeca soltando tremendos chisguetes de sangre, un niño cayendo en el cofre de un auto, un descansa brazo recibiendo el impacto de una cabeza, la misma contra una cancha de tenis, otra que se estrella... ora contra un barandal, ora contra los juegos de un parque, ora contra el fondo de una alberca, un dedo con un pedazo de piel y carne al aire, un niño volando contra un bote de juguetes, una caja perforando un labio, un diente perforando una lengua, un balonazo en la cara, otro, y otro más, y una infinidad de ellos pegando en la cara de tres niños, espinillas con verdaderos chichones, una clavícula rota, un par de hombros zafados, unas manos deshechas tras frenar con ellas la caída en el pavimento, un microbusero madreado, una llanta que rebasa su propio auto, un Thunderbird impactando un par de vochos, una camioneta Combi abriendo un boquete en la pared de la cocina, unas patadas en un juego de volibol, otras en uno de tocho, una pérdida temporal de memoria, una mano debajo de unos tachones de futbol, un niño semi ahogado, un dedo machucado con la puerta de un Renault, otros dedos prensados bajo una silla playera, un diente girado, un codazo en la nariz, una ola que se traga a uno, otra que por poco se lleva a una niña, un señor ahogándose con una pizza y podría seguir la lista de eventos que marcaron mi vida y que agradezco de ahí no pasaron, pero que, agradezco más, reforzaron los lazos que tenía con mis hermanos y crearon los lazos que forme con mis hermanos.

Ahora si quiero dormir, bendito insomnio que me trajo estos recuerdos y me permitió escribir tan sólo por escribir.

Hermanos todos, los llevo en el corazón.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Oda a la Mujer

Pinches viejas, ¿quien las entiende?

Esquizofrenia Monocular

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Me desespera no poder comunicarme con mi amigo imaginario, sé que habla, porque de momento lo veo articular palabras, pero al prestarle atención desaparece.

Comencé viendo manchas, siempre del lado derecho, pero al volver la vista no había nada, tenía que mantener la vista al frente para poder ver de reojo mis imágenes, después aparecieron los insectos, principalmente cucarachas, pensé en alguna evolución supersónica, pues al girar, nada. Con el tiempo mis visiones han evolucionado, de perros pasé a orangutanes y por último a seres humanos, a uno en particular; por un tiempo tuvo aspecto de Cromañón, pero solo fueron semanas, un poco violentas, eso sí, por la excitación de su carácter, pero sin eventos que lamentar.

Primero pensé que se trataba de una visión un poco tímida, porque se desvanecía al verse descubierta por mis ojos, pero pronto me di cuenta que sólo se manifestaba de mi lado derecho y al mirarlo con el izquierdo, adiós. Tampoco puedo escucharlo, porque la esquizofrenia la tengo únicamente en el ojo derecho, ninguno de los oídos lo son y al parecer él no me escucha porque tampoco mi boca lo es; presiento que él ha de pensar que soy mudo. ¿Sentirá curiosidad por saber cómo es el lado izquierdo de mi cara?

No me molesta mi esquizofrenia monocular, pero preferiría que fuera completa para poder comunicarme con Wenceslao (me imagino que así se ha de llamar) y saber de su pasado, escuchar su voz, sus ideas, pedirle consejos y tirarle brujas a los pies… también me gustaría no tenerla para poder salir una vez más con mis amigos fuera del sanatorio.

sábado, 15 de mayo de 2010

El viejo no quiere morir

El viejo no quiere morir y no es por falta de circunstancias, sufre mucho y los dolores son intensos, otro en su lugar ya habría cedido el cuerpo, pero este hombre no, no se decide a entregar la vida, es tanto su miedo, que prefiere seguir sufriendo a dar el segundo paso; y hablando de su pánico, no lo es tanto por la muerte en sí, que sí le teme, mas es mayor su temor al destino de su desdichada hija, la nena, la pobrecita niña de 37 años, que no podrá arreglárselas sin él… piensa así el desdichado.
A decir verdad, y a riesgo de parecer insensible, no es mucho lo que me importa la niña, no es su situación la que me intriga, es la fuerza que tiene el hilo de vida que lo mantiene respirando lo que verdaderamente llama mi atención, a mi mente viene la escena del cabello de superman sosteniendo en el aire una masa de 1000 toneladas… pero hasta el pelo del súper héroe debe tener un límite, una cosa es cargar una masa, por descomunal que parezca, y otra es mantener con vida, a través de una fina hebra, un cuerpo inundado de muerte, de esa muerte que ha arrasado con poblados, generaciones y épocas enteras, qué podría hacer un cabello de acero contra el peso de la muerte, no resistiría ni el primer tirón.
Y no solo me intriga la situación, también me hiere, pues quiero al viejo, condenado viejo pelón cómo lo he querido siempre, ojalá ya puedas descansar, mas ese hilo de vida y miedo parece irrompible y no te lo permite, qué combinación tan irónica y tan resistente, como si el temor fuera una vena que suministrara vida al cuerpo, y por más que la muerte la consumiera, el pavor de partir manara existencia a borbotones.
Vete ya viejo, que mi padre y el tuyo te esperan y nada le pasará a tu hija, tal vez aprenda a vivir, pero eso no es tan malo ¿o no a eso hemos venido? Cierra ya tus ojos, viejo y escucha las voces que te llaman, deja que reviente el cordón, ya mereces descansar.

martes, 11 de mayo de 2010

¿Qué tal una jetita?

Hace mucho tiempo, en un país muy lejano, vivió una joven princesa de inmaculada belleza, tenía un rostro verdaderamente angelical y un cuerpo de ensueño, delgado y escultural, era tal su hermosura que en el reino se la conocía como “bella”, pero bien le pudieron haber llamado “sabrosa” y hubiese sido igualmente acertado, sin embargo, algo había que se interponía entre ella y la perfección: su arrebato, tanto la mimaron en su vida, que terminaron por descomponerla y así fue como sucedió que, el día en que la bella niña cumplió sus quince primaveras, se pinchó un dedo con la aguja de una rueca y dio comienzo el padre de los berrinches; gritos y llanto salieron de su contorsionado cuerpo, pataletas y mas pataletas interpretó la escuincla hasta hartarse y por último se encerró en la torre más alta, el desgaste de energía fue abundante y generoso, pero sobre todo fatigoso, tanto, que la niña se quedó dormida y no volvió a despertar.
Pasaron los años y como siempre la historia se convirtió en mito y el mito en leyenda, y esta llegó a los oídos de un apuesto y valiente príncipe; por aquellos días se cumplían ya cien años de modorra y él, motivado por la descripción de su belleza y sensualidad, decidió ir a despertarla con un beso y, por qué no, alguna que otra caricia. Ordenó a su lacayo preparase el viaje y a la mañana siguiente, montando sus caballos, partieron. Cabalgaron durante 3 días con sus noches hasta llegar al reino de la bella y al acercarse al casillo notaron que estaba vació, abandonado, ni sirviente ni amo encontraron a la vista, una gran cantidad de hiedra y espinos rodeaban las murallas. A punta de espada se abrieron paso hasta lo que algún día fueron los jardines reales y comenzaron a buscar el camino a la torre más alta, al pie de las escalera se quedó parado el príncipe y un escalofrío inundó su cuerpo, iniciaron el ascenso y con cada paso su corazón se aceleraba, con los sentimientos a flor de piel se detuvo frente a la puerta de la gloriosa habitación y la empujó.
Lo que encontró tras abrir aquella puerta fue impresionante, una tenue luz de atardecer cruzaba la habitación desde la ventana hasta la cama, colores terracota se atropellaban al entrar por sus pupilas, olores añejos, madera, papel, fibras, un ambiente denso, cargado, flotaba en el dormitorio, las ropas de cama, completamente raídas, volaban con la brisa, aquello parecía una morada de fantasmas, las de la princesa no tenían mejor suerte y dejaban ver gran parte de su cuerpo; con los ojos desorbitados la observaba sin aliento el príncipe, ella lo miró y a él se le salió el corazón del pecho, la belleza, la tersura de la piel y las deliciosas curvas ya no habitaban su cuerpo, en su lugar arrugas, yagas, cueros colgados y sequedad habían prosperado, agonizante, la arcaica princesa profirió su último suspiro y así murió la mujer por la que nació la leyenda de “la vieja huevona esa.”