Quiero escribir un cuento, no, sólo por escribir quiero escribir un cuento, o tal vez tan sólo quiero escribir por escribir, para manchar de negro con ideas este espacio blanco que únicamente tiene la de ser llenada con las de otro y mostrarse, ver cómo la imaginación pinta con letras un retrato, un niño, un paisaje, una historia, o un retrete.
Llevo años pensando en esta idea y hoy que no puedo dormir decidí escribir por escribir, plasmar en una hoja lo que a mi mente venga, y lo que a mi mente viene es el deseo de poder dormir, pero el sueño se ha ido y con él mis musas, o lo que sea que en ocasiones me inspira; a lo lejos escucho un “cuete”, el clásico chiflador que se ceba en el cielo, el ladrido de un perro y de pronto un recuerdo viene a mi mente, un 15 de septiembre, una fiesta de independencia, un niño travieso armado con un bote de gasolina, una pirotecnia y un poste de teléfono, de esos de madera, ardiendo en llamas, no tengo claro en mi mente como se juntaron todos esos elementos, pero fue tremendo, todos los primos corriendo en busca de agua para apagar el fuego y al final las risas nerviosas de haberlo sofocado y de haber hecho una travesura… que buenos recuerdos.
Lo sé, lo sé, van a decir que qué peligroso, y tal vez tengan razón, pero al final no pasó nada, como nunca pasó con muchas cosas, una muñeca soltando tremendos chisguetes de sangre, un niño cayendo en el cofre de un auto, un descansa brazo recibiendo el impacto de una cabeza, la misma contra una cancha de tenis, otra que se estrella... ora contra un barandal, ora contra los juegos de un parque, ora contra el fondo de una alberca, un dedo con un pedazo de piel y carne al aire, un niño volando contra un bote de juguetes, una caja perforando un labio, un diente perforando una lengua, un balonazo en la cara, otro, y otro más, y una infinidad de ellos pegando en la cara de tres niños, espinillas con verdaderos chichones, una clavícula rota, un par de hombros zafados, unas manos deshechas tras frenar con ellas la caída en el pavimento, un microbusero madreado, una llanta que rebasa su propio auto, un Thunderbird impactando un par de vochos, una camioneta Combi abriendo un boquete en la pared de la cocina, unas patadas en un juego de volibol, otras en uno de tocho, una pérdida temporal de memoria, una mano debajo de unos tachones de futbol, un niño semi ahogado, un dedo machucado con la puerta de un Renault, otros dedos prensados bajo una silla playera, un diente girado, un codazo en la nariz, una ola que se traga a uno, otra que por poco se lleva a una niña, un señor ahogándose con una pizza y podría seguir la lista de eventos que marcaron mi vida y que agradezco de ahí no pasaron, pero que, agradezco más, reforzaron los lazos que tenía con mis hermanos y crearon los lazos que forme con mis hermanos.
Ahora si quiero dormir, bendito insomnio que me trajo estos recuerdos y me permitió escribir tan sólo por escribir.
Hermanos todos, los llevo en el corazón.
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