sábado, 15 de mayo de 2010

El viejo no quiere morir

El viejo no quiere morir y no es por falta de circunstancias, sufre mucho y los dolores son intensos, otro en su lugar ya habría cedido el cuerpo, pero este hombre no, no se decide a entregar la vida, es tanto su miedo, que prefiere seguir sufriendo a dar el segundo paso; y hablando de su pánico, no lo es tanto por la muerte en sí, que sí le teme, mas es mayor su temor al destino de su desdichada hija, la nena, la pobrecita niña de 37 años, que no podrá arreglárselas sin él… piensa así el desdichado.
A decir verdad, y a riesgo de parecer insensible, no es mucho lo que me importa la niña, no es su situación la que me intriga, es la fuerza que tiene el hilo de vida que lo mantiene respirando lo que verdaderamente llama mi atención, a mi mente viene la escena del cabello de superman sosteniendo en el aire una masa de 1000 toneladas… pero hasta el pelo del súper héroe debe tener un límite, una cosa es cargar una masa, por descomunal que parezca, y otra es mantener con vida, a través de una fina hebra, un cuerpo inundado de muerte, de esa muerte que ha arrasado con poblados, generaciones y épocas enteras, qué podría hacer un cabello de acero contra el peso de la muerte, no resistiría ni el primer tirón.
Y no solo me intriga la situación, también me hiere, pues quiero al viejo, condenado viejo pelón cómo lo he querido siempre, ojalá ya puedas descansar, mas ese hilo de vida y miedo parece irrompible y no te lo permite, qué combinación tan irónica y tan resistente, como si el temor fuera una vena que suministrara vida al cuerpo, y por más que la muerte la consumiera, el pavor de partir manara existencia a borbotones.
Vete ya viejo, que mi padre y el tuyo te esperan y nada le pasará a tu hija, tal vez aprenda a vivir, pero eso no es tan malo ¿o no a eso hemos venido? Cierra ya tus ojos, viejo y escucha las voces que te llaman, deja que reviente el cordón, ya mereces descansar.

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